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LECHE Y SECTOR LÁCTEO

ARTÍCULO DE OPINIÓN

JUAN JOSÉ SÁNCHEZ ASENSIO – PRESIDENTE DEL I.C.O.V.

EL DIARIO MONTAÑÉS 19-09-2009

 

 

 

Hablando del sector lechero y en los tiempos actuales, es justo reconocer en primer lugar, la importancia de la leche y sus derivados en la evolución antropométrica de la población española. Todos recordamos aquellas campañas oficiales que, desde la misma escuela, pretendían universalizar el consumo de este producto calificándolo como: "El alimento completo por excelencia" y recordándonos que "con leche no engordas, creces". Aquellas campañas consiguieron generalizar y aumentar el consumo de este producto en todo el país. Paralelamente a este incremento, se producía una evolución en la población española que, por visualizarla de forma comprensible para todos, nos llevó desde el físico de los ídolos deportivos nacionales de aquella época (Ángel Nieto o Mariano Haro), hasta los actuales (Nadal o Gasol). De esta evolución ha sido agente principal el aumento en el consumo de leche y productos lácteos.

A pesar de estos antecedentes, la leche viene soportando desde hace algunos años un ataque tan irreflexivo como injusto -al igual que ocurrió en otra época con el aceite de oliva-, alentado sin duda por intereses económicos que pretenden introducir en el mercado "leches vegetales". No debemos olvidar que la leche aporta de media a la dieta el 16% de las necesidades proteicas y un 54% del calcio, mientras que sólo contribuye con un 12% de los aportes energéticos, en una población en la que el consumo de calcio está muy por debajo de las recomendaciones establecidas. En esta situación, resulta más preciso que nunca poner cordura y aclarar desde el campo de la ciencia, algunos aspectos que esos intereses pretenden pasar por alto.

Según los estudios epidemiológicos prospectivos existentes, en los que se evalúa el consumo de la leche y derivados lácteos de forma completa, se evidencia que, contrariamente a la percepción popular imperante, el consumo de estos productos tiene un efecto protector sobre la incidencia de las enfermedades cardiovasculares. Y ello porque el nivel de colesterol en sangre no varía de forma significativa con el consumo de leche, mientras que el calcio es un reductor de la presión arterial al igual que algunos péptidos que se producen durante la fermentación o digestión de estos productos.

Igualmente acreditan estos estudios otras acciones beneficiosas desde el punto de vista de la salud. Así, todos ellos, señalan una relación entre el consumo de leche y la disminución del riesgo de padecer diabetes, obesidad, hipertensión, osteoporosis (de tanta importancia en la población femenina de la tercera edad), síndrome metabólico y algún tipo de cáncer, además de resultar un estupendo somnífero natural.

La leche es sin duda alguna un alimento extraordinario como se recordaba en aquellas campañas, pero hoy podemos decir además que, desde el punto de vista sanitario, es un producto en el que se sigue un exhaustivo control por parte de las autoridades. Recientemente se ha publicado un estudio realizado por una asociación de productores que lo ha puesto en evidencia, se han tomado muestras de las cuarenta y ocho marcas que se venden en Cantabria y, en todos los casos, se constata que son sanitariamente perfectas para el consumo.

Sin embargo, de los datos que se conocen se deduce que, siendo todas sanitariamente correctas, las calidades son muy distintas, por eso es preciso hacer llegar a la población que no todas las leches son iguales y que distintos precios suponen distintas calidades. No se trata pues de demonizar el producto que viene de fuera, sino de garantizar que cumple los mismos requisitos sanitarios y trasladar al consumidor las distintas calidades existentes.

Resulta incuestionable que la leche es un producto de primera necesidad y su producción requiere de una atención especial por parte de las distintas administraciones. Pero, también debemos estar de acuerdo en que dentro del actual marco económico mundial, las subvenciones directas a la producción son inviables y no facilitan un horizonte de futuro, lo que no debe resultar impedimento para que, en un momento de crisis como el actual, sin precedentes por lo intensa y duradera, se le apoye como a cualquier otro sector básico de la economía.

El análisis de la situación nos indica unas condiciones de mercado claramente determinadas, somos un país deficitario que apenas produce el 65% de su consumo -lo que origina que la industria deba recurrir a la importación en algún momento- y que comparte frontera con otro estado excedentario que disfruta de costos de producción brutos inferiores a los nuestros. Todo esto en un marco mundial, en el que Europa se encuentra con la producción limitada y deja de exportar, mientras América y Oceanía aumentan su producción.

Establecidas estas premisas, es preciso que todos nos esforcemos por conseguir un "margen justo" para el productor. Pretender la viabilidad de las explotaciones en base a un solo parámetro, el precio de venta del producto, intentando además imponerlo por decreto, es un esfuerzo baldío que distrae recursos de las soluciones reales, cerrando los ojos al problema en lugar de abordarlo.

El aumento del valor del producto y la disminución de costos, sólo vendrá, como no puede ser de otro modo, de la mano de la investigación, el desarrollo y la innovación (I+D+I), que deben liderar las administraciones. En ese sentido es preciso reconocer que es mucho lo que ya se ha hecho en este campo -la mejora de la calidad del producto, la consecución de la trazabilidad desde la vaca hasta la industria (España lidera el proyecto Letra Q a nivel europeo), la formación de los productores, la mejora genética de los animales-, aunque este importantísimo esfuerzo no hayamos sabido trasladarlo a los consumidores.

El consumidor está dispuesto a pagar más si en compensación obtiene un valor añadido por el producto que adquiere que le pueda resultar interesante. Pues bien, el objetivo de todos debe ser diferenciar las distintas calidades. La leche es un producto biológico vivo y resulta evidente y conocido por el sector industrial que cuando dicho producto viaja poco tiempo resulta de mejor calidad, por lo que la administración debe persistir en ese sentido, investigando y desarrollando para conseguir una marca de calidad diferenciada.

En el campo de los costos de producción disponemos, sin duda alguna, de un amplio margen de mejora, como acreditan los análisis de gestión de explotaciones, y también aquí tiene la administración un papel fundamental. Es momento de implicarse, aún a riesgo de equivocarnos, definiendo cuales son los modelos que permiten rebajar costos en base a estudios de eficiencia. Ésta es la clave para aumentar márgenes de beneficio para el productor. Modelos que no podrán ser únicos, en función de las distintas circunstancias, facilitando, potenciando y mejorando los asesoramientos, proponiendo medidas, ordenando el territorio para garantizar un futuro a medio plazo, mejorando la formación del ganadero -que maneja un capital nada desdeñable- para que pueda manejar una mayor producción que resulta más compleja y consecuentemente produce más patologías, etc

Igualmente, resulta inexcusable en estos momentos la redacción de un plan de abandono que permita retirarse de forma digna a quienes no pueden continuar y que, fundamentalmente, facilite la permanencia de todas las explotaciones viables, reorganizando el sector de forma íntegra, avanzando en cuestiones importantes como el impulso de un cooperativismo integrador realmente fuerte, pero también potenciando a la industria, de modo que pueda mejorar su relación con el distribuidor para que controlen sus marcas blancas, en beneficio del consumidor, como curiosamente ocurre en Francia a pesar de ser excedentarios.

Finalmente es preciso resaltar que el ganadero debe sentirse orgulloso de serlo por su contribución al desarrollo de la población española con un producto que requiere de un trabajo muy duro con un alto nivel de conocimiento y especialización para su consecución, mientras que la sociedad debe reconocer y dignificar el esfuerzo que los productores realizan para conseguirlo.

 



 
 
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